quinta-feira, 15 de maio de 2008

SANTÍSIMA TRINIDAD (J. HUGUET)

Al final de este tiempo en que hemos seguido los misterios del Salvador y hemos recordado todo lo que el Dios Trino ha hecho por nosotros, nos detenemos para volvernos hacia Aquél de quien todo lo hemos recibido. En este sentido, la fiesta de la Stma. Trinidad debería ser la gran fiesta de acción de gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu por todo lo que han hecho por nosotros.
La fe cristiana no consiste en una serie de teorías complicadas, sino que, en el fondo, se reduce a unas pocas realidades muy simples pero muy grandes, que, realmente vividas, son capaces de transformar radicalmente nuestra vida y llenarla de sentido. Ser cristiano significa creer y vivir que Dios es un Padre que nos ama, que todo lo ha hecho por nosotros y que jamás nos dejará.
Que, por el amor que nos tiene, en JC "entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (evang.); que en Jesús resucitado nos ha abierto a una esperanza sin límites. Y, por el Espíritu, está siempre con nosotros, como compañero de camino (1a.lectura), como Dios del amor y de la paz (2a.lectura), para reafirmarnos en la comunión eclesial y construir junto con nosotros una humanidad nueva. No debemos desdeñar, ciertamente, la explicación doctrinal, pero lo más importante es su profundización existencial. Hablar de la Santísima Trinidad con categorías teológicas es realmente difícil. La solución está en el retorno al lenguaje bíblico. Incluso me atrevería a decir que el lenguaje litúrgico (prefacio), con sus juegos de preposiciones, resulta aún enrevesado para el cristiano corriente. Podemos ver con qué naturalidad habla san Pablo a los cristianos de Corinto de la gracia o salvación de JC, del amor del Padre y del don o comunión del ES (2a.lectura). Y las tres lecturas se limitan a insistirnos en el amor y la bondad de Dios. La Trinidad es misterio de amor y comunión. La Trinidad significa que nuestro Dios no es un Dios solitario, sino que en Dios hay calor familiar. Dios no es único a pesar de ser tres, sino que es único precisamente porque en él son tres que comparten todo lo que son, hasta llegar a realizar aquello que para las personas que se aman siempre será un sueño: sin dejar de ser ellos, ser una misma cosa.
Porque Dios es amor y comunión, crea comunión allí donde se hace presente. Y la comunión será siempre, si no una realidad, sí una exigencia para los creyentes (2a.lectura)
-Un Dios cercano.
Porque Dios es amor y comunión, está siempre con los hombres y establece con ellos una relación personal (recuperación de la doctrina tradicional de la inhabitación de la Trinidad en el alma del justo). La idea es clara en las tres lecturas. Y de un profundo significado para la vida.
-Un Dios que salva y no condena.
Porque Dios es amor y bondad, es un Dios que salva. Convendría aprovechar este texto de san Juan para clarificar posibles equívocos, fruto de una formación defectuosa. Dios no nos ofrece una alternativa: o salvación o condenación. Dios solamente salva. Lo que ocurre -y ahí radica la seriedad de la libertad humana- es que nosotros podemos autoexcluirnos de esta salvación. Dios no castiga a nadie: el castigo, tanto en este mundo como en el otro, no es sino la consecuencia connatural e intrínseca del pecado.
MISA DOMINICAL 1981/12

festa da Santíssima Trindade (Pe. Antônio Geraldo Dalla Costa)

Celebramos hoje a festa da Santíssima Trindade,
Essa festa não um convite para decifrar o "Mistério",
que se esconde por detrás de "um Deus em três pessoas",
mas uma oportunidade para contemplar nosso Deus,
que é amor, que é família, que é comunidade e que criou
os homens para os fazer comungar nesse mistério de amor.

Não é fácil falar de Deus... pela sua grandeza, pela nossa pequenez e
pela idéia que nos passaram na infância, de que esse "Mistério"
é uma coisa difícil que não podemos entender.
Esse Mistério é tão sublime que nunca poderemos compreender em plenitude,
mas podemos e devemos crescer no seu conhecimento...
A própria Bíblia é uma contínua e progressiva revelação de Deus.
E esse Mistério só foi revelado pelo próprio Cristo.

As leituras de hoje aprofundam o tema:

Na 1ª Leitura, Moisés "sobe ao Monte", fala com Deus e intercede
pelo povo, que se afastara de Deus e da Aliança.
"Deus misericordioso e clemente, paciente e rico em bondade e fiel...
Perdoa os nossos pecados... Caminha conosco..." (Ex 34,4b-6;8-9)

Deus de Israel é muito diferente: é Misericórdia: entende seus erros
e os ama em qualquer circunstância, também quando pecam.
Por isso, renova a Aliança com Israel.
Deus é sempre o mistério que a "nuvem" esconde e revela:
notamos a sua presença, mas sem o ver os contornos do seu rosto.
* Para entrar no mistério de Deus, é preciso "subir o monte" da Aliança
e estabelecer comunhão com Deus através do diálogo com ele (Oração)
e da escuta da sua Palavra.

Na 2a Leitura, São Paulo saúda os primeiros cristãos
com uma fórmula trinitária, que repetimos ainda hoje no início das Missas:
"A graça de Nosso Senhor Jesus Cristo, o amor do Pai
e a comunhão do Espírito Santo estejam convosco". (2Cor 13,11-13)

- O PAI é aquele que tomou a iniciativa de salvar os homens,
destinando-os a uma felicidade eterna, na sua família;
- O FILHO é aquele que realizou essa obra de salvação,
com a sua vinda ao mundo e a sua fidelidade até a morte;
- O ESPÍRITO, o Amor que une o Pai com o Filho,
é aquele que foi infundido no coração de todos os cristãos no Batismo.




O Evangelho revela a verdadeira face de Deus. (Jo 3,16-18)

- "Deus amou de tal forma o mundo que lhe DEU O SEU FILHO unigênito..."
* O Amor de Deus enviou seu Filho aos homens, tornando-se um deles.
- "Deus não o enviou ao mundo para JULGAR, mas para SALVAR".
* Deus ama o homem, mesmo aquele que continua pecador...
- "Quem não crê, JÁ ESTÁ CONDENADO".
* Segundo João, o juízo será feito AGORA pelo próprio homem,
toda vez que acolhe ou recusa a proposta de salvação que Deus lhe faz.

Por que Deus revelou esse Mistério?
Com certeza, não foi para criar um problema na sua compreensão.
Porque nos ama, ele revela os segredos íntimos da vida divina e
e nos INTRODUZ NA SUA FAMÍLIA.
Ele age como um jovem que ama uma moça e,
antes de casar com ela e conduzi-la à sua casa,
sente-se na obrigação de apresentá-la aos seus familiares.

Que verdade consoladora!...
- Em nós está o PAI, que nos chamou do nada, nos insuflou o sopro da vida,
nos deu um nome, nos confiou uma missão.
- Em nós está o FILHO, que entregou sua vida por nós.
- Em nós está o Espírito Santo que nos ilumina e fortalece nos caminhos de Deus.
E toda essa maravilha veio até nós pelo Batismo.

Ter esse tesouro precioso dentro de nós é uma dignidade,
que deve provocar em nós três atitudes:
- ADORAÇÃO: Como não dar glória, bendizer e agradecer
o hóspede divino, que faz de nossa alma um verdadeiro Santuário?
- AMOR: Deus, apesar de sua grandeza, fica conosco como um pai amoroso.
Como não corresponder a seu amor?
- IMITAÇÃO: O Amor nos levará à imitação da Santíssima Trindade,
dentro do possível de nossa pequenez...

Por que essa Festa?
Não é tanto para desenvolver a doutrina do Mistério da Trindade,
mas um momento para relembrar de onde viemos e
a comunhão que devemos restaurar em nós,
para sermos de fato a sua imagem e semelhança.

Somos chamados a ser reflexos da Santíssima Trindade,
sinais de comunhão, de partilha e esperança,
num mundo tão dividido, individualista e desesperançado.

Renovemos nossa fé, recebida no Batismo em nome da Trindade,
cantando: Prometi...

Solemnidad de la Santísima Trinidad

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de un solo Dios en tres Personas. Así lo aprendimos en el Catecismo. Es un misterio imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar. Y esto es así, pues se trata de la esencia misma de Dios, imposible de explicar con nuestro limitado intelecto humano.
Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo accesible al hombre común. Y han tratado de explicar lo de las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles, tratando de ponerlo al alcance de todos. Uno de estos símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la infinidad de Dios.
¿Por qué es esto así? Porque la Santísima Trinidad es el más grande de los misterios de nuestra fe. Y por eso es imposible de ser comprendido por nosotros, pues nuestro limitado intelecto humano, es ¡tan pobre para explicar las cosas de Dios!
El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que están muy ... muy por encima de nuestras capacidades intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de Dios existe una distancia ¡infinita!
Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la playa frente a un mar inmenso. Vio de repente a un niño que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. San Agustín, por supuesto, se dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda pretensión. Entonces le dijo al niño: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “Esto no es más imposible de lo que es para ti meter el misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció.
Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como este misterio.
Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario. Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura ... incompleta.
Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es. En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre con Dios en el Cielo.
Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por las Tres Divinas Personas. Recordemos lo que Jesucristo nos ha dicho: “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn.14, 23).La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.
Y Dios comienza a revelarse como Trinidad poco a poco, pero desde el principio. Desde el segundo versículo de la Biblia, desde el momento mismo de la creación, vemos una alusión al Espíritu Santo: “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gen. 1,2).
Luego es Jesucristo mismo quien nos lo da a conocer. El primer momento en que se revelan las Tres Personas juntas fue en el Bautizo de Jesús en el Jordán. “Una vez bautizado Jesús salió del río. De repente se le abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre El. Y se oyó una voz celestial que decía: ‘Este es mi Hijo, el Amado, en el que me complazco’ ” (Mt. 3, 16-17).
Posteriormente Jesucristo al dar el mandato de evangelizar a sus Apóstoles, les ordena bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18).
Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación. Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros, nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, y el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. Así nos dice Jesús: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).
Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y recordemos que aunque aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura, incompleta, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.
¿Cómo, entonces, podemos vivir este misterio desde ya aquí en la tierra? En las citas de la Sagrada Escritura que hemos recordado podemos ver la clave: el Espíritu Santo va realizando su obra de santificación en cada uno de nosotros.
¿En qué consiste esa obra de santificación? Es la labor del Espíritu Santo, por la cual nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, a Jesucristo. Esto lo hace el Espíritu Santo si se lo permitimos; es decir, si somos perceptivos a sus inspiraciones, si somos dóciles y obedientes a esas inspiraciones. Y esas inspiraciones siempre nos llevan a buscar y a cumplir la Voluntad de Dios.
¿Cómo percibir las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Cómo ser dóciles y obedientes a esas inspiraciones? La clave está en la oración -la oración sincera. La oración nos abre al Espíritu Santo y nos hace captar esa suave brisa que es El. Debemos orar para escuchar al Espíritu Santo. Debemos orar para permitirle que haga en cada uno de nosotros su obra de santificación.
Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios. Y esa unión de nosotros con Dios no se queda allí, sino que tiene, como consecuencia segura, la unión de nosotros entre sí.
Tal vez con esta explicación se nos haga más fácil comprender esa bellísima y conmovedora oración de Jesús durante la Ultima Cena con sus Apóstoles, cuando rogó al Padre de esta manera: “Que ellos sean uno, Padre, como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17, 21-23). ¡Unidos cada uno de nosotros al Dios Trinitario, para así estar unidos entre nosotros por Dios mismo!
Que al meditar la profundidad del Misterio de la Santísima Trinidad, podamos vivir lo que nos dice San Pablo al final de la Segunda Lectura (2 Cor. 13, 12-13), que es esa frase trinitaria importantísima que repetimos al comienzo de cada Misa: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros”. Y que así podamos comenzar a vivir nuestra unión con la Santísima Trinidad y la unión de nosotros entre sí, pues es ese Dios Trinitario Quien nos une. ¡Que así sea! ¡Amén!

Domingo da Santíssima Trindade

A Festa que hoje celebramos não é um convite a decifrar o mistério que se esconde por detrás de «um Deus em três pessoas»; mas é um convite a contemplar o Deus que é amor, que é família, que é comunidade e que criou os homens para os fazer comungar nesse mistério de amor. Na primeira leitura, o Deus da comunhão e da aliança, apostado em estabelecer laços familiares com o homem, auto-apresenta-se: ele é clemente e compassivo, lento para a ira e rico de misericórdia. Na segunda leitura, Paulo expressa – através da fórmula litúrgica «a graça do Senhor Jesus Cristo, o amor do Pai e a comunhão do Espírito Santo estejam convosco» – a realidade de um Deus que é comunhão, que é família e que pretende atrair os homens para essa dinâmica de amor. No Evangelho, João convida-nos a contemplar um Deus cujo amor pelos homens é tão grande, a ponto de enviar ao mundo o seu Filho único; e Jesus, o Filho, cumprindo o plano do Pai, fez da sua vida um dom total, até à morte na cruz, a fim de oferecer aos homens a vida definitiva. Nesta fantástica história de amor (que vai até ao dom da vida do Filho único e amado), plasma-se a grandeza do coração de Deus.
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quarta-feira, 7 de maio de 2008

VIDA EN EL ESPÍRITU (JM ALEMANY)

VIDA EN EL ESPÍRITU: ES/SIMBOLOS:
Hoy, fiesta de Pentecostés, podríamos comenzar tomando conciencia de que el Espíritu Santo es el gran tesoro que Jesús nos transmite. Somos los cristianos los que hemos desprestigiado la llamada "vida espiritual", entendiéndola en oposición, o al menos en yuxtaposición, a la "vida histórica". Sería una persona "espiritual" aquélla que dedicara tiempo a "ocupaciones espirituales": oración, lectura espiritual, sacramentos, devociones. Con ello hemos llegado en muchas ocasiones a un dualismo pernicioso. O vivimos esquizofrénicamente dos vidas separadas, la vida espiritual y la vida material. O incluso puede llegar a darse personas de una "vida espiritual" aparentemente correcta, y cuya vida ordinaria no se parece en nada a la de Jesús y es compatible con la injusticia y el desinterés por la transformación del mundo.
Si el Espíritu Santo es el don preciado que reciben los hombres, no puede ser recluido en un sector o tiempo de su vida. Sería más correcto decir que se trata de vivir en el espíritu la única historia que existe y cada uno de los momentos de ella. Que haya tiempos de especial densidad en esa conciencia del Espíritu, es lógico. Pero lo que no podemos es recluirle en un sector sacral y apartarle de la marcha de la vida de los hombres y de la historia.
Porque no bastan los proyectos mejor intencionados para crear una humanidad nueva. Sólo el don del Espíritu, que se extiende universalmente, puede transformar interiormente hombres y estructuras. Quien conoce bien la historia no es ingenuo. Muchas veces a los libertadores siguen los dictadores.
De ahí los símbolos con que en la Escritura viene caracterizada la acción del Espíritu:
Viento impetuoso. Sopla cuando quiere y donde quiere. No se puede poner cauces al viento para controlarlo. No se sabe de dónde viene ni a dónde va. Aparece, no sabemos por qué ignotos caminos, donde menos y cuando menos lo podíamos esperar, y se cuela incluso por las más pequeñas rendijas. y arrastra impetuosamente allí donde la ley resulta casi siempre ineficaz.
Fuego. Derrite para transformar. No rompe ni fragmenta, no fuerza. Moldea desde dentro, forja una nueva personalidad penetrando todo nuestro ser.
Lenguas. Todos oyen hablar de Cristo en su propia lengua. El Evangelio de Jesús no está ligado a una cultura, a una situación, a un idioma. Llega hasta donde el hombre se encuentra. Un único Jesús es oído en pluralidad de culturas y situaciones.
Mosto. Algunos los creían borrachos. Quizá quiere señalarse una exultación que asemeja a la ebriedad. Quizá también que los hombres movidos por el Espíritu muchas veces parecen ajenos al sentido común. No entra su actuación en el esquema que rige nuestra sociedad, tienen una evangélica insensatez. Si la sociedad los puede entender y calcular según sus habituales pautas, si no resultan escándalo y aguijón, si la vida en el espíritu no extraña como algo anormal en un mundo injusto, si la acomodación es perfecta, quizá es señal de alerta.
COMUNIDAD NUEVA EN EL ESPÍRITU
El don del Espíritu alumbra la comunidad. La Iglesia no es como una organización para administrar el testamento de Jesús. Es verdad que tiene un elemento institucional, es decir, fundacional, lo que ha recibido de Jesús y es irrenunciable: el anuncio de la Buena Nueva, la cercanía a los pobres, la catequesis, la transmisión apostólica, los sacramentos, todos estos elementos son originales e imprescindibles porque tienen su origen en el mismo Jesús. Pero la Iglesia tiene otro elemento pneumatológico, la presencia del espíritu que la recrea permanentemente. El Espíritu tiene primacía sobre cualquier otro principio jurídico de organización. ¿Por qué? Hoy se nos dan al menos dos pistas. "Nadie puede decir Jesús es el Señor -confesión que constituye a la comunidad cristiana- si no es bajo la acción del Espíritu" (1/Co/12/03). El Espíritu posibilita la confesión de fe en Jesús y hace comprender cuanto aconteció con El: su enseñanza, sus signos, su vida, su muerte y su resurrección.
Además, concede diversos dones para bien de toda la comunidad, que en nada rompen la unidad de la misma confesión. La Iglesia necesita diversidad de servicios y funciones, como el cuerpo exige muchos miembros que forman un mismo organismo vital. Quizá podamos recordar a ·Bloch-E., pensador secular, que no hace sino traducir esta misma idea cuando escribe que en ninguna comunidad sana pueden faltar cuatro carismas fundamentales:
C/CARISMAS:
-Carisma del profeta. Quien rompe el enclaustramiento del presente, penetra en la tierra hasta sus raíces, hasta los orígenes, y desde ahí empuja hacia el futuro.
-Carisma del cantor. No sólo es necesario el empuje hacia adelante desde los orígenes, sino quien sea capaz de contar y cantar aquello que todos creemos.
-Carisma del médico. Todo grupo humano tiene heridas que curar y relaciones que sanar. Pero cuando la comunidad es más perfecta, las grietas son más finas y sutiles, por ello más peligrosas. A estas heridas, a veces imperceptibles e inconfesables, ha de llegar el médico.
-Carisma del que rige, coordina, gobierna. Es necesario que el grupo que nace desde dentro cuente con el don de ser coordinado y gobernado con autoridad. La autoridad ha de ejercerse en el espíritu, es un auténtico carisma, para que no sea "como la de los señores de este mundo, que oprimen".
-MISIÓN DE PAZ Y DISCERNIMIENTO
Pero no hay don del Espíritu, que crea el hombre nuevo y la nueva comunidad, sin envío, sin misión. "Como el Padre me ha enviado así también os envío yo" (/Jn/20/21). Este envío se hace en un contexto en que se desea y comunica la paz. La paz que se concede a la comunidad cristiana es un don precioso que debemos transmitir y comunicar a todos los hombres. El hombre y la comunidad en el Espíritu están reconciliados consigo mismo y por eso se les envía fundamentalmente en una misión de paz.
Nada hay en estos momentos que necesite tanto el mundo como la paz. La Iglesia necesita plantearse de qué manera puede contribuir mejor a la paz por la que cada hombre se reconcilia consigo mismo y con Dios, y los hombres, las familias, los sectores sociales, los pueblos se reconcilian entre si.
Pero la paz para un mundo en crisis ha de significar también capacidad de discernimiento; la paz que proviene del Espíritu de Jesús no puede cubrir o justificar el mal o la injusticia: es ofrecimiento de perdón sin límites allí donde se reconoce el mal; pero puede ser también retención de ese perdón en tanto que alguien se obstine en el pecado sin reconocerlo. Por eso un servicio importante que los cristianos pueden hacer al mundo de hoy es el discernimiento: desenmascarar los egoísmos, estructuras, mecanismos, pautas, modelos, por los que los hombres no pueden vivir en paz. El Espíritu nunca construye la paz sino sobre la verdad y sobre la justicia. Paz y capacidad de discernimiento son dos gracias que hoy pedimos del Espíritu para toda la humanidad y que comprometen nuestra vida.
DABAR 1987, 32

La fiesta de Pentecostés (GERARDO SOLER)

La fiesta de Pentecostés es una manifestación del misterio de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hoy celebramos a JC resucitado, haciendo memoria "de la pasión salvadora" de Jesús, y de su "admirable resurrección y ascensión al cielo", como se dice en la Plegaria eucarística. Y esto lo podemos hacer por obra del Espíritu Santo, que es el Espíritu del Padre y del Hijo. Desde la tarde de la Resurrección a la mañana de Pentecostés, el efecto de la resurrección de Jesús es permanente: dar, comunicar su Espíritu.
Por eso podemos decir que siempre es Pascua de Resurrección y siempre es Pentecostés. Con el "don" del Espíritu de JC resucitado podemos decir que Dios es definitivamente el "Emmanuel", el Dios-con-nosotros. Y donde está el Espíritu, está también el Padre y el Hijo.
"Estaban los discípulos en casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos". Es una descripción muy clara de una comunidad que no ha experimentado el Espíritu de JC resucitado.
Todavía estaban con el desconcierto de la pasión y de la muerte de Jesús. Pasión y muerte que para ellos fue también un escándalo. Por eso cuando experimentan y creen en JC resucitado "se llenaron de alegría". Alegría, gozo, paz, son "dones" del Espíritu Santo.
Podríamos preguntarnos hoy, nosotros que somos la comunidad que vivimos y creemos en el Espíritu de Jesús resucitado, por nuestros miedos. Miedo porque quizás somos pocos; miedo porque parece que en nuestra sociedad vamos perdiendo influencia; miedo porque no vemos el camino claro; miedo porque tenemos pocas vocaciones... ¡Como si no tuviéramos la fuerza del Espíritu!
"Exhaló su aliento sobre ellos". En este "exhalar" de JC resucitado sobre sus discípulos, contemplamos que son creados de nuevo. En la primera creación se nos dice que "Dios insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente" (/Gn/02/07). Como nosotros por el bautismo y la confirmación hemos recibido el Espíritu para una vida nueva. No la del hombre egoísta y pecador, sino la que valora y vive aquello que no pasará nunca. Nosotros, por el bautismo y la confirmación, nos hacemos portadores del Espíritu a los hombres hermanos, y trabajamos para que de hombres pecadores y dispersos vayamos construyendo el pueblo de Dios que es templo del Espíritu.
"Se llenaron todos de Espíritu Santo". El Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús resucitado, viene como un viento irresistible, que sopla donde quiere. Y la comunidad está reunida, y está reunida "en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús". La comunidad reunida en oración, y "con María la madre de Jesús". Estos son aspectos fundamentales de todo grupo cristiano si quiere ser una comunidad que experimente y viva del Espíritu: comunidad que reza, y en la que "María la madre de Jesús" está muy presente.
"Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas que se repartían". Estamos en la nueva y definitiva Alianza, inaugurada por obra del Espíritu que el Padre y el Hijo envían. En la alianza del Sinaí aparecen también el "ruido" y el "fuego". Es el "fuego" del Espíritu, la llama del amor viviente. Fuego que significa amor, amor nupcial, celoso, fiel, exclusivo, posesivo; amor más fuerte que la muerte. Fuego que es indomable e incontrolable. El Espíritu Santo, como dicen los Padres de la Iglesia, es "Fuego que procede del Fuego". El Espíritu Santo es el "amor que procede del Amor". Por eso dejémonos inflamar por Él; dejémonos amar por Él.
-Siempre es Pentecostés. Pentecostés en griego significa 50, que en el simbolismo de los números bíblicos significa la perfección, plenitud, cumplimiento. San Lucas nos describe cinco "pentecostés", venidas del Espíritu Santo en diferentes momentos de la vida de la comunidad cristiana, para mostrarnos que siempre que viene el Espíritu es Pentecostés. No fue un solo y aislado Pentecostés. Nuestro bautismo fue Pentecostés, en la confirmación recibimos como "Don" el mismo de Pentecostés; la Eucaristía es acción del Espíritu Santo que nos reúne, nos comunica y hace entender la Palabra, y hace que la Palabra se haga Pan que alimenta, y nos envía a hacer las obras que el Padre quiere en favor de los hermanos.
Todos nosotros somos testigos de cómo el Espíritu nos va transformando, personal y comunitariamente; cómo el Espíritu va suscitando hombres y mujeres que luchan para la transformación de nuestro mundo.
"Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu". Por eso el misterio de Pentecostés está actuando siempre. Es el Espíritu que nos da la fe por la que confesamos que "Jesús es Señor". Es el Espíritu que nos congrega y nos hace una comunidad, la Iglesia. Es el Espíritu que suscita múltiples carismas, servicios, dones, regalos, ministerios, al servicio de la comunidad. El Espíritu es el que hace posible que siendo muchos, y teniendo distintas maneras de pensar y actuar, sepamos amarnos y ser "uno". El Espíritu Santo nos hace superar todas las divisiones, fruto del pecado, y salta todas las barreras sociales, de raza, de religión. El Espíritu Santo es la única bebida que da la Vida de Dios.
MISA DOMINICAL 1988, 11

Domingo de Pentecostes

O tema deste domingo é, evidentemente, o Espírito Santo. Dom de Deus a todos os crentes, o Espírito dá vida, renova, transforma, constrói comunidade e faz nascer o Homem Novo. O Evangelho apresenta-nos a comunidade cristã, reunida à volta de Jesus ressuscitado. Para João, esta comunidade passa a ser uma comunidade viva, recriada, nova, a partir do dom do Espírito. É o Espírito que permite aos crentes superar o medo e as limitações e dar testemunho no mundo desse amor que Jesus viveu até às últimas consequências. Na primeira leitura, Lucas sugere que o Espírito é a lei nova que orienta a caminhada dos crentes. É Ele que cria a nova comunidade do Povo de Deus, que faz com que os homens sejam capazes de ultrapassar as suas diferenças e comunicar, que une numa mesma comunidade de amor, povos de todas as raças e culturas. Na segunda leitura, Paulo avisa que o Espírito é a fonte de onde brota a vida da comunidade cristã. É Ele que concede os dons que enriquecem a comunidade e que fomenta a unidade de todos os membros; por isso, esses dons não podem ser usados para benefício pessoal, mas devem ser postos ao serviço de todos.
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